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Regalando Sonrisas a Julia

Tenía una cuenta pendiente: volver a un concierto. Creo que el último fue allá por diciembre de 2010. No hay nada mejor que la música en directo, pero a veces la experiencia puede resultar catastrófica. Fue lo que ocurrió entonces, con un grupo que me encantaba y al que ya había visto varias veces, pero al que renuncié después de aquello. Ese día me prometí a mi misma pensármelo mejor la próxima vez que decidiera ir a un concierto.

No lo hice. Cuando hace dos meses me enteré que La Sonrisa de Julia venía a Sevilla sólo tenía una obsesión en forma de fecha: 20 de abril. Llevaba años, mucho años, esperando a verlos en directo. Quizás desde 2004, cuando los descubrí y entraron a formar parte de mi vida. Intentando seguirles la pista por otras provincias andaluzas que habían visitado… sin éxito.

Cuenta Juan José Millás en su novela “El Mundo” que la literatura tiene el poder de herir y cauterizar al mismo tiempo. Creo que no me equivoco al pensar que eso se puede extrapolar a la música, y en concreto a La Sonrisa de Julia. Con ellos he llorado y he reído al escuchar sus canciones, me han acompañado en muchos momentos de mi vida, pero lo más importante: HE DISFRUTADO. Con mayúsculas. Disfruto al escucharlas, al cantarlas, y sobre todo, disfruté con ellos y con su directo.

Todo lo que había leído hasta entonces se quedó corto. Me encantaron. Su fuerza, su vitalidad, su directo y su público. Un público que cantaba, que vibraba con ellos, pero que también los respetaba, que quería escucharlos y no apagaba su voz –imposible, por otra parte–.

Empezaron por Mundoalrevés para recorrer por completo “El hombre que olvidó su nombre” –magistral en Naúfrago y Hay alguien más ahí– haciendo pequeñas paradas en sus discos anteriores. Y entonces llegó Grito. Cada canción tiene un significado especial según el momento en el que llega a cada persona. Y Grito es una de esas canciones que llegó por casualidad, sin esperarla. Y así fue como llegó el viernes también, y de nuevo consiguió ponerlo todo del revés…

Concierto inolvidable sin duda, con un solo pero, que seguro que es el de muchos: la imposibilidad de satisfacer a todos a la hora de marcar el repertorio. Canciones como Volar contigo, Sonrisas de papel, Caminos diferentes o Euforia, como tantas otras según a quién se le pregunte, faltaron en el mío, pero es imposible condensar tantos cortes en apenas dos horas de directo.

Con El hombre que olvidó su nombre llegó el final. Lo reconozco, me quedé allí esperando a que volvieran. Sólo cuando empezaron a desmontar el equipo fui consciente de que aquello, efectivamente, había acabado. Me costó hacerme a la idea. Tanto como me costó entender el cambio de Volver a Empezar a Bipolar. Me faltaban las canciones intimistas, esas, como Dentro, en las que cerraba los ojos y soñaba, dejándome llevar. Fue cuestión de horas entender la evolución… igual que fue cuestión de minutos volver a disfrutar del concierto grabado ya en la memoria.

Parafraseándolos a ellos, “Decirte que me ha encantado es poco…”

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Elefantes reales

Siempre ha habido clases. Hasta de elefantes hay diferentes tipos. Los peores, sin duda, son los cazados a manos de personas que disfrutan matando a animales de tal belleza. Por más que lo pienso, no consigo encontrar dónde reside el placer de esta “hazaña”.

Creo que podíamos esperarlo de cualquier persona, de cualquier representante público, pero no del Rey. Con la que está cayendo en la Casa Real por el caso Urdangarín para verse envuelto en otro escándalo. Claro está, era un viaje privado y no contaba con los “tropezones” que harían pública tal heroicidad.

“Todos, sobre todo las personas con responsabilidades públicas, tenemos el deber de observar un comportamiento adecuado, un comportamiento ejemplar” decía el Rey el 24 de diciembre pasado en su discurso de Navidad. Unas palabras que han resonado muy fuerte estos días. Claro, igual habría que preguntarle a él qué considera “comportamiento ejemplar” porque puede que considere normal irse a cazar elefantes cuando el país sufre una de las crisis más fuertes de su historia, cuando miles de españoles pierden su empleo a diario y cada vez más familias no tienen ni para comer. “Hay noches que el paro juvenil me quita el sueño” decía hace apenas un mes. Perdone, ¿eh? Le pido perdón de antemano, pero no sea frívolo. Que los que sufrimos las garras del paro ya tenemos bastante como para escuchar semejantes cosas y ver después las fotos de sus viajecitos.

Reconozco que siempre he defendido la labor de la Monarquía. Su trabajo para salvaguardar las relaciones con otros países o la influencia del Rey en el exterior es indiscutible. Una llamada de teléfono suya fue suficiente para que a España le concedieran la construcción de la línea de alta velocidad a La Meca, o una visita a los países árabes la semana antes del “fatal” accidente fue decisiva para garantizar el suministro de petróleo a España tras el boicot de Irán. Sin embargo, desde hace ya algún tiempo he empezado a sentir cierta animadversión que aumenta a cada día que pasa. Sobre todo cuando miro a otros países sin monarquía y constato que su influencia internacional es mayor que la nuestra.

¿Nos compensa? Empiezo a pensar que no. Sólo el Rey, por “ser él” tiene una asignación de cerca de 300. o00 euros anuales, mientras que la de la Casa Real supera los ocho millones de euros. Y eso sin contar la falta de transparencia en unas cuentas que deberían ser totalmente públicas ya que salen de nuestros bolsillos. Quizás deberíamos empezar a plantearnos si otra forma de Gobierno es posible, lejos de casas reales y sangre azul. Quizás algún día, quizás.

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Soy mujer… y no soy madre

Soy mujer. Lo soy desde que me engendraron. Me siento mujer. Al cien por cien, sin fisuras. Y no soy madre. Lo deseo, lo deseo desde hace mucho tiempo. Pero no serlo no me quita ni un ápice mi condición de mujer.

Señor Gallardón, no lo entiendo. Sinceramente. No entiendo por qué no se dedica a lo suyo, a dirigir su ministerio de Justicia y a resolver los innumerables problemas que debería tener entre manos, y deja “tranquilas” las materias de otros ministerios. Y lo peor de todo, no entiendo como nadie le dice que deje ya de hablar de temas que no le competen.

Primero, y para celebrar la antesala del día de la Mujer, denunció que la mujer sufre una “violencia estructural” que la obligaba a abortar. He de confesarle que, aún hoy, después de tantos días, no he logrado traducir sus palabras. Además, se comprometía a defender “el derecho reproductivo por excelencia de la mujer”. Bien, Gallardón, bien. Sólo estoy aquí para procrear. Bien.

No quedó ahí la cosa y se atrevió a afirmar que “la maternidad libre hace a las mujeres auténticamente mujeres”. Me niego a entrar ahí, me niego. Sólo tengo una pregunta, a la que no paro de darle vueltas. ¿Y un hombre, cuándo es un auténtico hombre? ¿También cuando es padre? Entonces mi pareja, como no es padre aún, ¿tampoco es un auténtico hombre? Y lo más importante, como ni él ni yo somos auténticos, ¿qué debemos poner cuando renovemos el DNI en la casilla “sexo”? No me negará que es una cuestión importante…

No Gallardón, no. No soy madre, pero eso no significa que no sea una mujer auténtica. Como bien le dijo la diputada socialista Patricia Hernández, “Ni una mujer es menos mujer por ser madre, ni un hombre más inteligente por ser ministro”. Desde luego usted, señor Gallardón, no lo es.

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Orgullo de ser andaluza

Estoy harta, cansada, hastiada… Se me han acabado los adjetivos para describir cómo me siento cada vez que alguien me insulta por el mero hecho de ser andaluza. Estoy orgullosa de serlo. Tal vez algunos no lo entiendan, pero es real. Cada vez que vuelvo a mi tierra, que veo en la carretera el enorme cartel verde y blanco que pone “Comunidad Autónoma de Andalucía” me corre un cosquilleo por dentro porque ya estoy en casa.

Intento entender por qué. Por qué dicen que somos vagos, que no queremos trabajar, que el calor afecta en nuestro rendimiento laboral, que hablamos mal. Podría seguir enumerando los infinitos insultos que hemos recibido y que, estoy segura, por desgracia seguirán.

Los últimos, y más graves, han sido los recibidos a raíz de las elecciones andaluzas. Es cierto que nadie se esperaba la derrota, o para ser exactos, la victoria insuficiente del PP el pasado 25 de marzo. Estaban convencidos de la victoria, todas las encuestas le daban la ansiada y necesaria mayoría absoluta para gobernar... pero todas se equivocaronAndalucía lo eligió a él, es cierto, pero no es suficiente para gobernar, y aunque ahora nos espera a una Izquierda Unida poniendo condiciones de todo tipo, al final, tendremos gobierno de izquierdas en Andalucía.

Es lo que hemos votado de forma democrática en las urnas. Por eso no nos pueden insultar. Nos han llamado “paletos” y “menores de edad”, han hablado de “irresponsabilidad del pueblo”, de “régimen perpetuado” o de “olla podrida de corrupción” para referirse a Andalucía, sólo por no pensar igual que el resto de España.

No soy una paleta ni una irresponsable. Ayer ejercí mi derecho al voto de forma libre. Elegí lo que creo que es mejor para Andalucía. Y como yo, lo hicieron miles de andaluces, en un sentido o en otro. Pero todos, absolutamente todos, lo hicimos libremente. Por ello no nos merecemos los insultos.

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Por un periodismo digno

Me siento orgullosa de ser periodista. Quizá llegué de casualidad, no lo niego. No era algo que ansiaba desde que era pequeña, como otros muchos. En selectividad saqué una nota alta, podía estudiar lo que quisiera. Y elegí Periodismo, en mayúsculas.

Tampoco puedo negar que en algunas ocasiones me he arrepentido de aquella elección. La ENORME precariedad laboral que vive el periodismo me ha llevado a ello. Sin embargo, la mayor parte del tiempo me siento orgullosa del día que elegí poner la cruz en esa opción. Es, sin lugar a dudas, la profesión más bonita del mundo.

Soy PERIODISTA. Con todas sus letras. Me encanta contar las cosas, llegar al ciudadano y decirle lo que está pasando, poner voz a los que no la tienen. Pero no nos dejan. A mi no me dejan. Me cortaron las alas y, a veces, pienso que no soy lo suficientemente buena para ejercer mi profesión. Otras, recuerdo la periodista que fui, apasionada cuando tenía un buen tema y dispuesta a contarlo a los lectores.

Las más, echas un vistazo a la situación. Miles de periodistas despedidos en apenas unos años, periódicos que cierran… cada día uno nuevo. La última gran pérdida ha sido Público, pero por desgracia, es una sangría que no cesa. Y cada vez que eso pasa, somos menos libres. Hay una opción menos en los kioscos para informarnos. Pero sobre todo hay demasiados compañeros en las listas del paro. Cuando eso ocurre, me acuerdo de mi particular 26 de abril. Fue un día muy duro. Y lo revivo cada vez que despiden a algún periodista.

Por eso hoy brindo con mis colegas periodistas, por un PERIODISMO DIGNO Y VERAZ,  tal y como reclama la Asociación de la Prensa de Sevilla en la manifestación convocada hoyPor una profesión que debería ser libre, pero que cada vez está más condenada. Para que no haya más 26 de abril en la vida de nadie.

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Feliz Día de la Mujer

¿Felicidades? Lo siento pero no, no quiero que nadie me felicite hoy por ser mujer. ¿Tienen los hombres un día especial en el calendario para celebrar que lo son? ¿No, verdad? Pues yo tampoco lo quiero. Si queremos igualdad, defendámosla.

Nunca he sido partidaria de la discriminación positiva. No creo que sea el camino para conseguir la verdadera igualdad. Que falta mucho por hacer, por supuesto, pero no así. No defendiendo políticas como la paridad, que colocaba en el poder (central o autonómico) a igual número de mujeres que hombres. Por culpa de esa política hemos tenido que soportar a alguna que hubiera sido mejor que se quedara en casa (y me vienen a la cabeza unos cuantos nombres).

Quiero a ministr@s y consejer@s que sean buenos en lo que hacen, me da igual si son hombres o mujeres. Si éstas últimas son mayoría estupendo, y si lo son ellos, pues genial también. Así es como empieza la igualdad. Sin hacer distinciones.

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#disfrutenlovotado

Los no habituales a Twitter no entenderán el título del post. Después de la victoria de Rajoy y cada día que anuncia nuevos recortes, aparece este hashtag (etiqueta) en la red social.

Y sinceramente, cada vez que leo #disfrutenlovotado (dirigido lógicamente a los votantes del PP) no puedo dejar de sonreír. ¿Es que alguno de los que confió su voto a Rajoy no sabía que todo esto iba a ocurrir? O mejor aún, ¿de verdad pensaban los votantes del PSOE que Rubalcaba podría haber gobernardo sin llevar a cabo ningún recorte?

Eso sí, cuando escucho a los defensores de Rajoy decir que será él quien nos saque de la crisis dejo de sonreír inmediatamente. Porque no creo que vaya a ser él quien nos saque de todo esto. Más bien espero que esta (maldita) crisis acabe antes de cuatro años, porque de lo contrario no quedará ni un ápice de esperanza para poder volver a la calidad de vida que tuvimos hace años.

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Radicalismos políticos

No soporto los radicalismos. Son malos en todas sus vertientes: los políticos, los religiosos, los deportivos…

Últimamente, los que más me llaman la atención son los políticos, quizás porque los otros dos ya están tan presentes en nuestro día a día, que no nos despiertan el menor sentimiento. La victoria del PP en las pasadas elecciones ha provocado un levantamiento en masa de los radicales de izquierda, que les lleva a criticar al contrario sin mirar su propio ombligo.

Me explico. Hace poco leí una carta en un blog dirigida a Soraya Sáenz de Santamaría en la que criticaba que no disfrutara de su baja maternal y se incorporaba al trabajo apenas unos días después del nacimiento de su hijo. Parece que todos los que han apoyado ese texto y han defendido sus argumentos, se olvidan de que la ya exministra de Defensa, Carme Chacón sólo se tomó 42 días hace años. No diré yo si está bien o mal, pero tengo una cosa clara: si está bien para una, también lo está para la otra -y viceversa-. Ambas, mujeres con éxito en la vida política, han renunciado a un beneficio que ha costado años conseguir. Quizás deberían haber pensado en la imagen que dan a la sociedad y la importancia de disfrutar de esos meses, ya que seguramente y gracias a ellas, muchos empresarios pensarán ahora que ese tiempo es totalmente prescindible. Pero me gustaría ver a más de una en esa situación. La primera, con unas elecciones ganadas por mayoría absoluta y candidata en todas las quinielas a un puesto en el Gobierno. ¿Quién no hubiera vuelto al tajo cuanto antes para conseguir el objetivo que tanto tiempo ha perseguido? Porque estoy segura que más de una de las que lo ha criticado, hubiera hecho igual.Y la actuación de Chacón es totalmente comprensible también. No porque su trabajo sea más importante que ningún otro, ni porque nadie sea imprescindible, pero reconozco que yo, mujer, critique la posibilidad de que se tomara cuatro meses de baja maternal siendo ministra de Defensa.

 

Lamentablemente, la conciliación laboral es aún un mito, y sino que le pregunten a tantas y tantas madres que han perdido sus altos puestos en pos de beneficios horarios.

Igual ha ocurrido con la jura de los ministros del Gobierno de Mariano Rajoy. Toda una ola de radicales ha criticado que lo hicieran con un ejemplar de la Biblia y un crucifijo. Amigos, os olvidáis que Zapatero y todos sus ministros hicieron lo mismo en 2008. Independientemente de eso, cada uno puede jurar o prometer su cargo sobre lo que quiera y crea. ¿Por qué le molesta a la gente? Grave sería que eso se impusiera a toda la sociedad, pero si a mi me da igual que jures sobre un cómic, ¿por qué te tiene que importar a ti que yo lo haga sobre una Biblia?

Y para terminar, lo que más gracia me ha hecho, criticar que Ana Botella, segunda teniente de alcalde del Ayuntamiento de Madrid y número 2 de la lista municipal, sea la próxima alcaldesa de la ciudad, tras el nombramiento de Alberto Ruiz Gallardón como ministro de Justicia. Creo recordar que en Andalucía ocurrió exactamente lo mismo cuando Manuel Chaves fue elegido ministro de Política Territorial y tuvo que renunciar a su cargo como presidente de la Junta de Andalucía, en favor de José Antonio Griñán. Señores, a ver cuándo nos enteramos de lo que votamos. En las urnas no elegimos a personas, sino a partidos, y es el partido el que vota al candidato en las diferentes cámaras, ya sea el Parlamento, el Congreso o el Senado. No es falta de ética ni nada parecido como he leído a los que critican a Gallardón diciendo que no debió presentarse a las elecciones de mayo. Ese era su sitio en mayo, las circunstancias han cambiado el escenario y lo han situado en uno nuevo.

Lo que es evidente es que los radicalismos son siempre malos en todos los sentidos. Pero hay algo todavía peor que ser radical de izquierda o de derecha: serlo y pensar que no lo eres. Son los que más miedo me dan.

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Sin preguntas no hay cobertura

No señor Rajoy, no. Ha empezado su mandato de la peor forma posible y contra los que pueden ser sus mejores amigos o, por el contrario, los peores enemigos. No puede negarse a responder a nuestras preguntas. No puede dar la lista con los nombres de sus ministros y aceptar sólo preguntas técnicas. (Perdone, pero me he perdido con esta última apreciación). Para eso, podía haberles evitado el viajecito hasta Moncloa y haber mandado un comunicado.

Muchos aún no se han enterado que los periodistas no somos meras marionetas. Y lo que es peor, los periodistas aún no nos hemos dado cuenta del enorme poder que tenemos. En mi memoria aún está latente mi primer levantamiento laboral. Fue hace muchos años, en la que fue mi primera escuela periodística, ABC. Los estudiantes anti-LOU que habían asaltado el Rectorado de Sevilla, que habían roto con palancas de hierro puertas con varios siglos de historia, los mismos que habían roto cámaras a los compañeros que trataban de cubrir la información y que habían reprochado a los periodistas que estaban vendidos porque no escribían “la” (su) verdad, ellos convocaron a los medios de comunicación para dar su particular visión de las cosas. Aún recuerdo al fotógrafo de EFE levantarse justo en el momento en el que empezaba la rueda de prensa diciendo que no estaba dispuesto a cubrir una información de alguien que había puesto en entredicho su labor profesional. Nos levantamos todos y nos fuimos.

Ese día, con apenas 20 años, me di cuenta de la fuerza que teníamos. Ahí reside nuestro poder. No podemos aceptar que nos ninguneen, que ellos nos pongan las condiciones, cuando somos nosotros los que ejercemos el derecho de informar a la sociedad. No podemos tolerar que ellos sean los voceros y nosotros simples lacayos que acatamos lo que nos dicen sin rechistar. No podemos aceptar que se nieguen a responder, por una razón muy simple:

PORQUE SIN PREGUNTAS NO HAY COBERTURA

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Andalucía y los andaluces

Ya está bien. De verdad, ya basta. Vagos, analfabetos, vividores… qué más nos queda por oír? A los andaluces nos han atacado en los últimos tiempos desde todos los flancos posibles.

Primero fue el acento. Escuchar al presidente de la Generalitat, Artur Mas, diciendo que a los niños de Sevilla no se les entiende al hablar fue más que un insulto. Verá señor Mas, usted hablará dos lenguas, pero yo, sevillana, hablo el castellano mejor que usted y los catalanes. Cecearemos o sesearemos, aspiraremos las “s” finales de las palabras o neutralizaremos la “l” y “r” implosivas, pero lo hago orgullosa. Todas ellas, junto a estas otras, no son errores de nuestra lengua, no. Muy al contrario, son características de nuestro dialecto, el Andaluz. Por el contrario, no cometemos laísmos, leísmos ni loísmos, ni ponemos artículos delante de los nombres propios, tan común en su tierra. Pero no, yo no voy a insultarle. Como ya he dicho antes, yo hablo orgullosa mi lengua. Muchos de sus ciudadanos no pueden decir lo mismo,  y le pongo como ejemplo cuando hace años llamé a un Ayuntamiento de Tarragona, me hablaron en catalán, pedí que lo hicieran en castellano porque no lo entendía y como respuesta, obtuve un “intento” de hacerlo y un “disculpa, es que no me sale hablar castellano, te paso con un compañero”.

Tras esto, el insulto más repetido ha sido a cuenta de las subvenciones del PER. Y razón no les falta, pero han fallado en las formas. Un ataque tan brutal como el que hemos recibido tiene una consecuencia lógica: el levantamiento en masa de los andaluces para defender nuestra honra, tan ultrajada. Hace años fue la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, quien con sus “pitas, pitas, pitas” atacó al campo andaluz. Después fue el portavoz de CIU en el Congreso, Duran i Lleida, quien afirmó que “los andaluces recibían el PER por estar en el bar del pueblo”. El último, de momento, fue Cayetano Martínez de Irujo, quien en una entrevista en La Sexta arremetió contra los andaluces afirmando que “los jóvenes no tenían ganas de trabajar” (vamos, yo -y cerca de cinco millones de personas- estoy parada porque quiero, y rechazo innumerables ofertas laborales a diario). No voy a entrar a analizar la entrevista ni las “perlas” que soltó el Conde de Salvatierra. Como siempre en estos casos, falla la generalización, pero el fraude existe, y sino, sólo hay que investigar.

Eso hicieron en el programa Diario D de Mercedes Milá, y sus resultados me dejaron asombrada. Se venden y compran peonadas para alcanzar las 35 al año y obtener 500 euros durante seis meses. Echen cuentas. Porque yo tengo que cotizar seis años para tener dos de subsidio por desempleo. Ellos, según este reportaje, por trabajar 35 días al año obtienen 3.000 euros en seis meses. Otro gran ejemplo, mucho más cercano: un familiar con tierras se encuentra año tras año con innumerables problemas para encontrar personas que quieran trabajar toda la temporada de recogida de almendras en el campo. Los jornaleros ponen sus condiciones y los días que quieren trabajar en función de los que les faltan para conseguir el PER.

Está claro que los que critican el PER llevan algo de razón, pero les fallan las formas. Es necesario reformarlo y acabar con las estafas que cometen jornaleros y gestorías. Pero con ataques generalizados a toda la ciudadanía andaluza, lo único que van a conseguir es que nos cerremos en banda y defendamos nuestra tierra como si nos fuera la vida en ello.

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